Manuel Melis Maynar
Catedrático
de Geotecnia
Catedrático
de Ferrocarriles
ESTAS PÁGINAS ESTÁN
DEDICADAS EXCLUSIVAMENTE A LOS ALUMNOS DE 6º CURSO DE FERROCARRILES DE LA ETS DE
CAMINOS DE MADRID.
ESTÁN PROTEGIDAS POR LA
CONSTITUCIÓN ESPAÑOLA, ARTÍCULO 20.c "Libertad de Cátedra".
LA UNIVERSIDAD ES
APRENDER A PENSAR, ESPÍRITU DE TRABAJO Y ESPÍRITU CRÍTICO AL
MÁXIMO NIVEL.
APRENDER A PENSAR
Sir Ernest Rutherford, presidente
de la Royal Society Británica y Premio Nobel de Química en 1908,
contaba la siguiente anécdota:
Hace algún tiempo recibí la llamada
de otro profesor, que estaba a punto de poner un cero a un
estudiante por la respuesta que había dado en un problema de física,
pese a que este afirmaba con rotundidad que su respuesta era
absolutamente acertada. Profesores y estudiantes acordaron pedir
arbitraje a alguien imparcial, y fui elegido yo. Leí la pregunta del
examen y decía: "Explique cómo puede calcularse la altura de un
edificio con la ayuda de un barómetro". El estudiante había
respondido: "se lleva el barómetro a la azotea del edificio y se
le ata una cuerda muy larga. Se descuelga hasta la base del
edificio, se marca y se mide. La longitud de la cuerda es igual a la
altura del edificio".
Realmente, el estudiante había
planteado un problema con la resolución del ejercicio, porque había
respondido a la pregunta correcta y completamente. Si se le daba la
máxima puntuación podría obtener una nota muy alta en física, pero
la respuesta no confirmaba que el estudiante tuviera ese nivel.
Sugerí que se le diera al alumno otra oportunidad y le concedí seis
minutos para que me respondiera la misma pregunta, pero esta vez con
la advertencia de que en la respuesta debía demostrar sus
conocimientos de física. Habían pasado cinco minutos y el estudiante
aún no había escrito nada. Le pregunté si deseaba marcharse, pero me
contestó que tenía muchas respuestas al problema y que su dificultad
era elegir la mejor de todas. Me excusé por interrumpirle y le rogué
que continuara. En el minuto que le quedaba escribió la siguiente
respuesta: Se coge el barómetro, se tira a la calle desde la azotea
del edificio y se calcula el tiempo de caída con un cronómetro.
Después se aplica la fórmula e= ½ g t2 y así se obtiene
la altura del edificio. Pregunté a mi colega si el estudiante se
podía retirar ya, y le dio la nota más alta.
Tras abandonar el despacho busqué
al estudiante y le pedí que me dijera sus otras respuestas a la
pregunta. Me respondió: bueno, hay muchas otras maneras; por
ejemplo, se coge el barómetro en un día soleado y se mide la altura
del barómetro y la longitud de su sombra. Si se mide a continuación
la longitud de la sombra del edificio y se aplica una simple
proporción, se obtendrá también la altura del edificio. Perfecto, le
dije, ¿alguna otra manera?. Me contestó: sí, este es un
procedimiento muy básico para medir un edificio, pero también sirve.
Se coge el barómetro y te sitúas en las escaleras del edificio en la
planta baja. Conforme vas subiendo las escaleras, vas marcando en la
pared del edificio la altura del barómetro, una sobre otra, y
cuentas el número de marcas hasta la azotea. Multiplicas al final la
altura del barómetro por el número de marcas que has hecho y ya
tienes la altura. Es un método muy directo. Por supuesto, si lo que
se quiere es un procedimiento más sofisticado, se puede atar el
barómetro a una cuerda y moverlo como si fuera un péndulo. Si se
supone que cuando el barómetro está a la altura de la azotea la
gravedad es una determinada y se tiene en cuenta la variación de la
gravedad al descender el barómetro en trayectoria circular al pasar
por la perpendicular del edificio, de la diferencia de estos
valores, y aplicando una sencilla formula trigonométrica, podríamos
calcular, sin duda, la altura del edificio. Con un sistema parecido,
se ata el barómetro a una cuerda y se descuelga desde la azotea a la
calle. Usándolo como un péndulo se puede calcular la altura midiendo
su periodo de oscilación. En fin, concluyó, existen otras muchas
maneras. Pero probablemente, la mejor sea coger el barómetro y
llamar con él a la puerta de la casa del portero. Cuando abra, se le
dice: Buenos días, señor portero, aquí tengo un bonito barómetro, y
si usted me dice la altura de este edificio, se lo regalo.
En este momento de la conversación,
le pregunté si no conocía la respuesta convencional al problema (la
diferencia de presión marcada por un barómetro en dos lugares
diferentes da la diferencia de altura entre ambos lugares).
Evidentemente, dijo que la conocía, pero que durante sus estudios,
sus profesores habían intentado enseñarle a pensar.
El estudiante se llamaba Niels Bohr,
físico danés, premio Nobel de Física en 1922, más conocido por ser
el primero en proponer el modelo de átomo con protones y neutrones y
los electrones que lo rodeaban. Fue fundamentalmente un innovador de
la teoría cuántica.
Al margen del personaje, lo
divertido y curioso de la anécdota, lo esencial de esta historia es
que LE HABÍAN ENSEÑADO A PENSAR.
Para los escépticos, esta historia
es absolutamente verídica.
Geotecnia, ETS
Coruña, Octubre 1993
FFCC, ETS Madrid,
Octubre 2004
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